Hace una semana tuvimos tres días casi veraniegos en medio del helado invierno bostoniano. Todo el mundo aprovechó para darse paseos, ver como se descongelaba el río Charles, como se dejaba entrever el verde de los parques bajo tanta nieve,… Yo fui uno de esos que salió a la calle para que me diera el aire y los rayos del sol. Y uno de estos ratos me fui a pasear con un compañero de comunidad, Bob Manning. Hacia como dos meses que no salía a la calle a pasear. Alguno se imaginará que el frío persuade de muchas cosas, pero el caso de Bob es un poco diferente. Ha estado tomando diversas sesiones de quimio, con todo tipo de métodos experimentales hasta que el cuerpo le ha dicho, ¡vasta ya! Los médicos le han dicho que en pocas semanas se va a mori
Hasta aquí es una “historia más” como la que oímos muchas veces en nuestras familias, amigos, incluso en la cola del supermercado. Pero lo que para mi ha sido algo impresionante es la forma cómo Bob está viviendo la enfermedad. Hace unas semanas en la misa de comunidad otro compañero que partía para estar varios meses en Roma le administraba la unción de los enfermos frente a todos nosotros. Fue un momento muy intenso. En ese momento dio gracias a Dios por su vida, por todo el bien que había hecho y como casi seguro que no lo iba a volver a ver se despidió de él
pidiéndole que nos acompañara a toda la comunidad cuando se fuera junto al Padre. Un español viendo estas cosas se queda como petrificado. En España se hubiera echado todo el mundo a llorar, o simplemente a nadie se le hubiera ocurrido hacer semejante celebración con esa transparencia y sinceridad.
El caso es que Bob está viviendo todo este tiempo con mucha esperanza. El sabe que se va a morir un día de estos, pero estas semanas están siendo para él de mucha densidad en todos los sentidos. El me decía el otro día: “Alberto, pocas veces he vivido en toda mi vida un tiempo de acción de gracias como desde que me diagnosticaron el cáncer.” A cualquier que no conozca a Bob le puede sonar como a respuesta de libro pío de esos de antes o a contestación de alguien que no quiere preocupar a los que tiene alrededor con su sufrimiento. Pero cuando le miras a los ojos y le escuchas no te cabe duda que no te está contando ninguna milonga. Además, ¿a quién tendría que impresionar ahora?
A mitad del paseo nos paramos a tomar un café. No puede estar mucho tiempo de pie porque se cansa mucho. En estos momentos, me comenzó a preguntar por lo que estaba haciendo, por mi futuro destino, por mis sueños como jesuita, por estos primeros meses como curilla en la parroquia de Sommerville,…
Me dio mucha paz y alegría charlar con él. Esa conexión con la vida que Bob deja transpirar por todos sus poros es un grito claro: ¡La muerte tiene un sentido!
Algunos todavía os preguntaréis, ¿qué es lo que te ha dejado tan impactado? Y yo sin duda os diría: “La naturalidad, la confianza, el gozo como el vive este tiempo de enfermedad, de ‘despedida,’ y la esperanza de la resurrección,…” Cuando regresábamos después del paseo, Bob estaba muy cansado y le acompañé hasta su casa que está a un tiro de piedra de la mía. Ya nos despedimos prometiéndonos que otro día quedaríamos para visitar un museo que está aquí cerca y que Bob aún no ha visto. Él se despidió muy agradecido porque quisiera pasar un tiempo con él. Y yo la verdad que lo que sentí en aquel momento fue un profundo agradecimiento por tanto bien recibido. Creo que tardaré mucho tiempo en olvidar las palabras con las que me despedí de él: “Bob, ojala Dios me de la confianza, la esperanza y el gozo con los que tu estás viviendo, cuando llegue mi momento. Gracias por todo.”
Yo de mayor, quiero ser como tú.
Enero 20, 2008 de albertoares
Alberto, me has conmovido muchísimo con esta historia. Te seguiré leyendo así te tengo más cerca. Espero hayas visto las fotos de la boda que te mandé por mail y sino las miras en http://www.veronicaymiguel. fotosdelaboda.com, estarán colgadas por 15 días. un beso muy fuerte, tu amiga desde Palma. Vero.
wow! De verdad es impactante. Es cierto, hay tantas personas en esa situacion, me puedo imaginar la angustia de no saber si los tratamientos funcionaran, cuantos examenes tuvo que tomar antes que los doctores llegaran a esa decision. Sin embargo, luego llega el resignarse de que todo lo posible se ha hecho y poder conseguir la paz y tranquilidad de que todo saldra bien.
Algunas veces pienso que la muerte de uno no debe ser tan dificil como ver la muerta de las personas que mas queremos y amamos, pienso yo que al final es mas dificl resignarse por el futuro de otros. Sin duda es dificil de cualquier forma.
Verdaderamente que me ha impactado la historia de Bob. Es duro saber que uno se va a morir. Y deberia ser lo contrario. Nosotros los Cristianos tenemos una esperanza eterna, pero como no la conocemos, no nos queremos ir de este mundo. Y para los amigos y familiares es dificil dejarlos ir. Yo vivi unos momentos difciles cuando mi abuelita murio de un cancer en el estomago hace unos 3 años. En ese momento yo no conocia a Dios, y fue uno de los momentos mas dolorosos para mi.
Hace apenas 2 añitos que Jesus cambio mi vida, y todavia me parece mentira que estoy caminando con Jesus. No me da tanto miedo la muerte ahora, porque se que Jesus nos regalo vida eterna junto a el y al Padre.
En el dia de hoy le quiero enviar un mensaje a Bob (no se si todavia vive), pero quiero decirle que siga viviendo con fe hasta el final, porque la recompensa sera grande junto a Dios!
Un gran saludo!!!!!!!!!