“Yo quiero lo mejor para ellos, pero no dejan de pedir. El otro día tuve una gran bronca con mi hija adolescente porque no quiero mandarle dinero para un ordenador y un móvil. Hay otras necesidades más urgentes”.
“Mi marido es un poco machista, pero lo quiero y le aguanto. Ya no bebe tanto como antes. Espero que poco a poco vaya cambiando”.
Estas y otras frases parecidas las escuchamos todos los días a tantas mujeres que han dejado su patria para buscar un futuro mejor para sus familias. El otro día leí un artículo en el país que me parece que refleja muy bien la realidad de la mujer inmigrante en España y yo diría que en buena parte del mundo.