En nuestra cultura española actual, consumir se ha convertido en un hábito prácticamente ineludible. El bombardeo casi constante de publicidad, de rebajas o grandes liquidaciones, la creación de auténticos santuarios del consumo… forman parte de los pilares de nuestro ecosistema cotidiano.
Apesar de su popularidad y de lo enraizado que está en nuestra sociedad, no es menos cierto que distintas voces han hecho saltar la alarma sobre nuestros niveles de consumo. De igual manera, nos han advertido sobre la influencia que la publicidad y el marketing están ejerciendo en la manera como vivimos cotidianamente, de manera especial en nuestro sistema de valores, en nuestros hábitos, incluso en la forma en que expresamos nuestra fe (nuestra oración y presencia parroquial, entre otras cosas).
El objetivo en este artículo tiene que ver con este último elemento, pues pretendo describir la influencia que tienen nuestros hábitos de consumo en la manera de vivir nuestra fe.
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