EL RINCÓN DE ALBERTO

Todo comenzó con un encuentro

Nico y el servicio

 

NicoSeguramente estos días os habréis encontrado en los medios de comunicación alguna noticia sobre la elección del nuevo superior de los jesuitas. Algunos que llevamos una vida no muy larga en la orden la hemos vivido de forma especialmente esperanzada. El jesuita que ha sido elegido es Adolfo Nicolás, un español que lleva casi toda su vida en Japón y en los países limítrofes. Como en cada cambio de etapa y de renovación cada uno tiene puestas sus expectativas, sus esperanzas,… Tengo que decir que después de leer su biografía y de escuchar sus primeras palabras en público me ha hecho ilusionarme aún más. Nico, como el mismo pedía ser llamado, ha trabajado durante muchos años como teólogo en la Universidad de Sofía en Tokio, en un instituto de pastoral en Manila y en una parroquia muy pobre con familias inmigrantes en Tokio. A mi modo de ver resume mucho de lo que San Ignacio nos pedía a los jesuitas, ser personas “letradas,” pero viviendo siempre bien cerca de Jesús y de los más necesitados.

En su primera homilía después de la elección, Adolfo hacia hincapié en el servicio y en el amor, como el mismo Benedicto XVI nos hacia tener más presente no hace mucho y como nuestro lema nos recuerda: “En todo amar y servir.” Y a la vez recordó como no podemos dejar de lado a los marginados de la sociedad, a los más pobres. En un mundo marcado por los procesos globales insistió en el poder transformador de acompañar simplemente a la gente, de servir a quien nada tiene. El ejemplo que aludía de una mujer Filipina me hacia revivir tantos recuerdos de mi vida, y sin ir más lejos lo mucho que le tengo que agradecer en estos últimos tiempos a mis amigos de Albania y a la comunidad latina de la parroquia en Somerville donde ahora colaboro.

Y sin duda me hizo remontarme a mis orígenes, a la llamada que un día sentí para formar parte de este grupo de hombres que quieren servir a los demás como compañeros de Jesús con todo su corazón, su pequeñez y su disponibilidad. Escribía hace unos meses cuando me pedían unas notas biográficas antes de ser ordenado: “Recuerdo que siendo adolescente lo que más me impresionó cuando conocí a los jesuitas fue su capacidad de servicio y de acoger al necesitado. Hoy reconozco que mi ordenación me gustaría vivirla desde el servicio a la comunidad, en la Compañía de Jesús desde la que el Señor me llama. Voy descubriendo que la ordenación me pone más en camino, como compañero que codo a codo vive desde su ministerio una peregrinación con toda la comunidad. Me siento muy agradecido por tanto bien recibido y la ordenación la vivo como parte de ese don y regalo de Dios: ‘Gratis lo habéis recibido, dadlo gratis’.”

[Continuará…]

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Esta entrada fue publicada el enero 24, 2008 por en Jesuitas, Servicio.

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