EL RINCÓN DE ALBERTO

Todo comenzó con un encuentro

Nico y el servicio (Parte II)

Por todo esto, cuando veo algunos periódicos, noticieros,… a veces me da un poco la risa. Cada uno dependiendo de sus convicciones políticas, económicas,… intenta arrimar el ascua a su sardina. Así, unos intentan ver en la elección del nuevo superior una línea que va a ir en contra de lo que diga el papa, desde una perfil de izquierda radical y alternativa,… con toda la leyenda del “papa negro;” y en otros ámbitos aluden justo a lo contrario.
Tengo la impresión de que este comportamiento es fruto de nuestra propia ambigüedad, de la dificultad de llevar una vida que tiene que lidiar con muchas tensiones incomprensiones,… Y parece que es más fácil escorarse hacia uno de los extremos y construir allí nuestro “alcázar” protegiéndolo con uñas y dientes, interpretando cualquier signo de diversidad como un ataque frontal. Y es que no sólo en los medios de comunicación, sino en la vida de cada uno corremos la tentación de buscar una dicotomía en todo: una verdadera economía, espiritualidad, sociedad,… frente a otra falsa y malvada. Y claro está, nosotros siempre estamos en la de los buenos.Lavatorio
Nico nos recuerda con la actitud de servicio, de ponerse en el lugar del otro y en especial del más necesitado, que nuestra vida tiene que aprender a lidiar con estas tensiones, como el mismo Jesús y tantas hermanas y hermanos que nos han precedido.
Y es que estar en un extremo parece dejarnos las cosas más fáciles, nos ahorra dolores de cabeza. Pero de lo que no nos damos cuenta es que si vivimos así nunca seremos capaces de descubrir la verdadera riqueza de la naturaleza humana. Por el contrario, cuando alguien emprende este camino de vivir sin tener siempre respuestas para todo, de caminar como peregrino,… se necesita poner toda su confianza en Dios y en los demás. Así es como interpreto yo esas palabras del servicio que nuestro superior nos animaba a seguir.
Vivir como servidores implica acompañar a la gente, muchas veces con humildad y sin palabras pero con cariño y presencia, otras veces en las encrucijadas gritando la Buena Nueva frente a las injusticias y la opresión, y siempre poniéndolos en el lugar del otro, desde el diálogo.
El que sirve con la confianza puesta en Jesús y en los demás, siente tal libertad que va perdiendo el miedo a equivocarse, porque vive su vida como un regalo por el que dar gracias y no un logro por el que tiene que competir o una verdad personal que tiene que proteger a toda costa. ¿Qué puede causarme miedo? ¿Perder las seguridades o descubrir que mis posesiones, mis estudios, mi profesión, mis “cositas”… no me dan la felicidad? Bienvenido sea el darme cuenta de eso. Ojala podamos vivir con nuestras ilusiones, y esperanzas puestas en Jesús, viviendo una vida en la encrucijada, de forma humilde y creativa. Vamos sin ponerle palabras raras, es decir, “sirviendo” como Nico, nuestro papa y tanta gente en el mundo nos hacen patente. Si ya lo decía Jesús: “¿Entendéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues bien, si yo, el Señor y el Maestro, lavé vuestros pies, también vosotros debéis lavaros los pies los unos a los otros.” (Jn 13, 13-14)

Fin

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Esta entrada fue publicada el enero 26, 2008 por en Jesuitas, Peregrinos, Servicio.

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