EL RINCÓN DE ALBERTO

Todo comenzó con un encuentro

Una Conversación con Adolfo Nicolás

Peregrinos

Hace unas semanas unos compañeros jesuitas hicieron una entrevista a Adolfo Nicolás, nuestro superior general. Este extracto deja entrever la vida, la sencillez y el profundo cariño que Adolfo tiene a sus compañeros jesuitas y a la Iglesia. La verdad que no tiene desperdicio.

Cuando usted fue elegido General, uno de los principales aspectos que se mencionó fue el hecho que usted había vivido muchos años en Asia. ¿Podría decirnos si después de tantos años en Asia, usted se siente más asiático que europeo?

Me he preguntado lo mismo algunas veces. Una respuesta honesta, pienso, sería decir que no soy ni asiático ni europeo. Ni uno ni lo otro. En Asia, estoy convencido, no soy un asiático y nunca podré reclamar ser un asiático. Ser algo significa adentrarse verdaderamente en nuestro ser. Pero en Europa, soy consciente de que tampoco soy europeo. Esto no es sólo porque me haya movido y vivido mucho tiempo en otro lugar, o porque no haya seguido de cerca las cosas que iban pasando en España y en Europa, sino especialmente porque siento que he cambiado en mi manera de sentir y de percibir el mundo.

Hace un par de semanas dije a la prensa que me considero una persona en proceso. Entonces, ¿quién soy? Soy alguien quien se va re-haciendo constantemente. Y, espero seguir creciendo porque siento que siempre estoy aprendiendo algo nuevo. En Japón aprendí de los japoneses; en Corea, de los coreanos; en Filipinas, de los filipinos; y así sucesivamente. Considero que mi identidad es ser libre, y yo me siento un ser libre. He visto a otros en Asia – otros europeos por cierto – teniendo dificultades con su identidad. Esto nunca ha sido un problema para mí porque yo no doy mucha importancia al hecho de ser español, francés o japonés. Yo soy quien soy. Mi identidad está definida por la comunicación con la gente, por la manera como asumo las cosas.

Entonces, me siento cómodo volviendo a Roma tanto como lo estuve en Filipinas y en Japón. Sé que nunca seré romano como sé que nunca seré completamente japonés. No puedo decir a los japoneses: “miren, ¡yo conozco Japón!” No. No importa cuanto tiempo vivas allá, hay profundidades que nunca alcanzarás. Por tanto, me siento cómodo siendo solamente un ser en constante cambio, en proceso; y espero continuar aprendiendo y creciendo.

Lee la entrevista completa

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Esta entrada fue publicada el marzo 13, 2008 por en Jesuitas, Peregrinos, Servicio, Vida.

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#NosHanInspirado
San Francisco de Javier sj. Patrón de la juventud y los misioneros.

Dinero, fama, títulos académicos, éxito en el deporte... las ambiciones de Francisco Javier (Navarra, 1506-1552) no son muy distintas de las que encontramos hoy por la calle. En Parías, un compañero estudiante lo desarmó: “Javier, ¿de qué le aprovechará al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma?”(Mc 8,36). Así Ignacio de Loyola despertó a un gigante: ni lenguas, ni países, ni peligros, frenaron el celo apostólico de Francisco Javier para llevar a Jesucristo hasta el extremo conocido, siguiendo aquella máxima: «Id, inflamad todas las cosas». Era el 7 de abril de 1541, y esta frase fue pronunciada después de un inesperado cambio de planes: ¡era él el enviado de Pablo III a la misión de las Índias! 
Trece meses navegando mientras servía a enfermos y necesitados, hasta que desembarcó en Goa, donde empezó una odisea titánica de islas, lenguas, predicaciones y servicio desde allí hasta Japón. «Os hago saber, queridos hermanos, que tomé de las cartas vuestros nombres, escritos por vuestras propias manos, junto al voto de profesión que hice, y los llevo siempre conmigo, por las consolaciones que recibo de ellos». Sus denuncias al Rey de Portugal por el espolio de riquezas en las Índias en lugar de favorecer la evangelización le costó dolorosos fracasos, pero pidiendo fuerzas a Dios prosiguió incansable hasta la isla de Sancián, en un intento de entrar en China. Allí, al lado del indio Cristóbal y del chino Antonio, representantes de su misión en aquél continente, a los 46 años entregó su espíritu sembrando en la tierra su honda huella por Cristo, de donde nacería una entera generación de misioneros. 
#AMDG #jesuit #jesuitas
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