EL RINCÓN DE ALBERTO

Todo comenzó con un encuentro

“empezó a encomendar a Dios y a pensar lo que debía hacer” (Au. 70)

Estos días atrás hemos estado leyendo y profundizando en la Autobiografía de San Ignacio. Un texto que para nosotros significa volver a nuestras raíces, a la primera vocación. Recorrer la vida de Ignacio y de los primeros compañeros jesuitas, es como remontarte a los orígenes de algo germinal, con sus ilusiones, con sus luces y sombras, sus oportunidades y retos. Sin duda, para todos nosotros ha sido un tiempo de seguir dando gracias por tanto bien recibido a través de estos grandes hombres que nos han precedido. Así mismo, supone un gran reto y una responsabilidad el mantener ese carisma, esta manera de hacer las cosas, de conformar nuestras vidas y nuestras comunidades en el seguimiento de aquel que da sentido a todo: Jesús y su Reino.

Una de las cosas que me llamaban la atención en la vida de Ignacio es su capacidad para discernir, para buscar la voluntad de Dios en su vida: ¿Qué tengo que hacer? ¿Hacia dónde debo moverme? ¿Qué camino debo elegir? Cuestiones que movilizan nuestro día a día en estos tiempos a veces tan agitados y frenéticos.

Una de las constantes de Ignacio en muchas partes de su Autobiografía era el poner las cosas en manos de Dios y buscar claridad, sentir la libertad para elegir con menos ansiedad y tomar partido por lo que más ayudaba a los demás.

En estos días, muchas personas y mi misma vida iban apareciendo ante los ojos de Ignacio y de sus compañeros. Allí estábamos recorriendo caminos, participando en conversaciones, buscando claridades, tomando partido en las encrucijadas,…

Esto de las redes sociales y el internet, nos conecta a la vida de muchas personas, de nuestros seres queridos. Muchas personas se acercaban a mi vida y a mi “muro” con los que hemos compartido estos días, con necesidad de encontrar más luz en sus vidas, con el anhelo de poner sus quehaceres en las manos de Dios, con la ilusión de acertar en aquello que pasa por su corazón,…

Ignacio se dio buena cuenta que buscar la voluntad de Dios en nuestras vidas no conoce fronteras, ni barreras,… si no nos cerramos en nosotros mismos, si miramos más lejos, si nos abrimos a la Vida.

Con mi recuerdo agradecido a Klaudia, Carlos, Gracia, Ceci, Paco, Ana, Matt, Daisy, Maribel, y tanta buena gente que anhela vivir con mayor autenticidad en sus vidas y que está viviendo en las encrucijadas…

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Esta entrada fue publicada el noviembre 17, 2011 por en amistad, encuentro, Esperanza, Jóvenes, Jesuitas, Peregrinos, Servicio, Vida.

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