EL RINCÓN DE ALBERTO

Todo comenzó con un encuentro

Cadena de favores

A comienzos de este milenio seguro que muchos pudisteis ver la película Cadena de favores. Tal vez recordéis en el reparto al cantante Jon Bon Jovi. La película, un drama más o menos romántico, estaba basada en una novela de Catherine Ryan Hyde. El argumento era relativamente simple. Un profesor de sociales de 7° grado en Estados Unidos, decide asignar a sus estudiantes la tarea de buscar métodos para mejorar al mundo, empezando por su propia comunidad. Trevor un de sus estudiantes, toma muy en serio la propuesta de su profesor e inventa un sistema revolucionario: su idea consiste en ayudar a tres personas en algo que no podrían lograr por sí mismos, y en lugar de que el favor le sea devuelto a uno, cada una de esas tres personas deben ayudar a otras tres personas y así sucesivamente. Para sorpresa de todos, la desinteresada propuesta causa furor entre la gente. No os cuento más sobre la peli para que la veáis, si no habéis tenido posibilidad.

Hace unos meses estaba en Everett, una ciudad del área de Boston, pasando el día con unos amigos salvadoreños. Fue una jornada completa en la que pudimos charlar tranquilos, visitar a familias de la zona, comer pupusas y comida típica de El Salvador y hacer una barbacoa en la noche. Muchos de ellos habían pasado por México hace años, como tantos muchachos y muchachas que en estos días nos visitan en el albergue. Hoy, gracias a Dios, tienen todos documentos estadounidenses. Aquel día me regalaron con mucho cariño una sudadera que ponía en el pecho: Viva Cristo Rey. Esa expresión la hizo popular el mártir jesuita Miguel Pro, que asesinaron hace años en México. La foto que os muestro la hicimos al final de la tarde.

¿Por qué os cuento estas dos historias aparentemente inconexas? Ahí vamos. Estos días llegan los muchachos al albergue desarropados, sin apenas nada con qué cubrirse. Unos porque tienen la ropa ya maltrecha, desgastada y sucia. Otros vienen con lo puesto pues les han robado la mochila con sus pertenencias, su documentación y su dinero. Viendo esta situación se nos parte el corazón, sobre todo, percibiendo el frío que pasan por la noche en el techo del tren. Heme aquí que ayer llevé al albergue alguna de mi ropa para regalarle a los chicos.

¿Adivináis que estaba entre esas cosas? Correcto, la sudadera de mis amigos. Una sudadera regalada por salvadoreños que fue a parar a Walter, un muchacho salvadoreño que llegaba con fiebre después de haber pasado más de 19 horas caminando junto a las vías. El pobre llegaba medio muerto. Esas conexiones de salvadoreños, conectándose a un chico salvadoreño que había vivido la misma vivencia que muchos de ellos, me hizo recordar la película  Cadena de favores.

¡Qué sencillo es a veces hacer un favor y cuanto puede ayudar a otros! Muchas gracias a mis amigos de la parroquia de San Benito en Somerville, a la que pertenecen muchos muchachos y muchachas salvadoreñas. ¡Cuántas cosas y tan buenas he aprendido con ellos! ¡Gracias por vuestro cariño y vuestra confianza en Dios! ¡Y gracias por haberme permitido ser una pieza más de vuestra Cadena de favores!

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Esta entrada fue publicada en marzo 17, 2012 por en amistad, encuentro, Esperanza, globalización, Migraciones, Peregrinos, Vida y etiquetada con , , , , , , .

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