EL RINCÓN DE ALBERTO

Todo comenzó con un encuentro

Amarrada a la Vida

Hace dos días recibí una llamada de una señora de la parroquia. Me sorprendió un poco, porque normalmente los días de diario les he comentado que prefiero que no me llamen salvo caso de emergencia, ya que estoy muy ocupado con la tesis. Una sobrinita de 4 meses estaba en el hospital y los médicos les habían dicho que en breve se moriría.

Estaba lloviendo a mares y me duche en seguida, me cambie de ropa y nos fuimos corriendo al MGH, el hospital más grande de Boston. Cuando llegamos a la planta de los bebés conocí a la mamá. Una joven de apenas 20 años. Había tenido mellizos. El pequeño Daniel estaba en otra parte del hospital creciendo a marchas forzadas y su hermanita, con nombre de flor, Amarilis, en cuidados intensivos peleando por su vida.

Pasamos unos momentos conversando con la mamá y el abuelo de los niños. Se podía sentir la angustia en sus rostros. Familia salvadoreña, con todo el sufrimiento de la guerra, de la no fácil condición de inmigrante en EE.UU. y de haber abandonado a los suyos a sus espaldas. Se añadía que el papá de los niños no quería saber nada de ellos, lo que suponía una soledad añadida.

Breves momentos para compartir y para decidir qué les gustaría que hiciéramos en nuestro encuentro con la bebe. Al final decidieron que les gustaría bautizarla y que el abuelo sería el padrino. Cuando entramos a cuidados intensivos había muchas personas en movimiento, profesionales sanitarios, y muchas máquinas haciéndose notar.

Cuando llegamos a la habitación donde estaba Amarilis la encontramos en una cama totalmente cubierta de tubos y vías y conectada a más de diez máquinas. Cada una sonaba a destiempo y una enfermera estaba constantemente atendiéndolas y tocando botones para estabilizar a la pequeña.

Uno no sabía dónde ponerse para no estorbar. La enfermera me comentó que no me preocupara porque ella tenía que estar allí controlando. Podíamos empezar. Fue una ceremonia breve, pero muy sentida. Unas gotitas de agua en su rostro eran las únicas pruebas materiales de lo que estábamos celebrando. Terminamos los tres uniendo nuestras manos y tocando el manto rosa que cubría el cuerpo de Amarilis, rezando el Padrenuestro, y conteniendo las lágrimas.

Cada día llamo a la tía para saber cómo está la bebe. Ayer me decía que le han conectado a una máquina más y que la situación era muy crítica. Pero a la vez me decía que la mamá se sentía con más paz y fuerza después del bautismo. Se encontraba con más confianza para poner a su hija en las manos de Dios, sea cual fuera el desenlace final. Hoy he hablado de nuevo y le han dicho que si supera otras 24 horas puede ser que se estabilice.

Gracias Señor por hacerme sentir cercano y unido a los tuyos.

2 comentarios el “Amarrada a la Vida

  1. jose manuel rodriguez romero
    noviembre 16, 2012

    Gracias Alberto por compartir estas lecciones de vida. Me uno a vuestra oración

    Un abrazo
    José Manuel

  2. Pingback: Lo dado a la tierra germina « EL RINCÓN DE ALBERTO

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Esta entrada fue publicada en noviembre 16, 2012 por en amistad, encuentro, Esperanza, Migraciones, Peregrinos, Vida y etiquetada con , , .

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