EL RINCÓN DE ALBERTO

Todo comenzó con un encuentro

El Reino de Dios

Una reflexión sobre el evangelio desde una mirada al programa político de Trump y a la muerte de refugiados con la ola de frío en la Frontera Sur europea.

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Hoy vemos como la conclusión de la acción profética de Juan, da comienzo de la actividad pública de Jesús (Mt 4, 12-23). Se puede decir, que de alguna manera finalizan los tiempos antiguos y da comienzo una nueva época en la cual se hace presente el “Reino/reinado de Dios”. Este Reino anunciado promete instaurar la justicia y el amor. Los acontecimientos que vivimos últimamente con la envestidura y programa de Trump, o la muerte de personas atascadas en las fronteras europeas, son una buena metáfora para entender lo que es el Reino o lo que no es, según se mire.

Reino vs. Nación

Esta semana quien más quien menos ha seguido la toma de posesión de Trump en Estados Unidos, incluso ha escuchado parte de su discurso de investidura. Una “nación para los estadounidenses, para el pueblo”, donde la prioridad sea lo nuestro y donde se pongan muros y barreras para saber quién está dentro y quien fuera; y si ese muro lo pagan otros, mejor; incluso si mueren atrapados en las alambradas o ahogados en el mar, tampoco parece importar tanto en otras latitudes más cercanas a las nuestras. Esta es la noción de estado-nación clásica, donde se pone un acento especial en el proteccionismo y en los cimientos de la identidad y de las fronteras. Expresiones como homeland, fatherland, con más sonoridad en inglés, están en el imaginario de muchos de nosotros, donde el derecho para residir y para formar parte, viene adquirido por nuestros lazos de sangre, porque nuestros antepasados supuestamente nos la dejaron en herencia.

¿Será el Reino de Dios del que hoy nos habla Jesús como esta idea de nación? ¿Estaba pensando Jesús en un Reino con un territorio definido, con fronteras y límites claros? Jesús repetidas veces nos dice que el Reino está cerca, que está en nuestro interior. La expresión del “ya sí, pero todavía no” que recoge algún teólogo, deja cierta ambigüedad o una puerta abierta. Lo que parece claro es que la idea de Mesías que tenían los zelotes, no era la que tenía en mente Jesús. Su reinado presentado en metáforas, habla de un grano de mostaza, de una moneda encontrada,… ¿Nos está tomando el pelo Jesús? ¿Cómo va a ser rey hablando de estas simplicidades? ¿Cómo tendremos un reino de “verdad”? Jesús presenta el Reino como algo nuevo y bueno que llega a nuestras vidas cuando aceptamos la buena noticia y la ponemos en práctica. En el fondo Jesús ya comienza a reinar en el momento que la buena noticia, el amor, llega a nuestros corazones. Eso es. Cuando amamos, cuando la buena noticia se hace presente en nuestras vidas, es entonces cuando Jesús reina, cuando de verdad el Reino se hace presente en nuestras vidas y en las de aquellos que están a nuestro lado. Una buena noticia que no conoce fronteras, o muros, sino corazones abiertos y tierra abonada que deja crecer la semilla en su interior.

El Reino poco tiene que ver con la idea de nación, llevada al extremo, como la estamos viviendo en algunos rincones de nuestro planeta y que deja en la cuneta del mundo a tantos millones de personas.

Galilea vs. Washington

Si seguimos la metáfora, Trump comenzó su peregrinar en el Capitolio con idea de llegar a la Casa Blanca, el lugar desde donde va a gobernar esa gran nación y seguir afianzando una “América para el pueblo”. La Casa Blanca es símbolo de poder y de riqueza.

¿Dónde comienza su “reinado” Jesús? Dice el evangelio que se retira a Galilea. Pero, ¿qué es Galilea? Una tierra en la periferia, de tránsito, de frontera, de sencillez y pobreza; con un contexto social multicultural, donde conviven diversas culturas y religiones. Galilea es denominada tierra de gentiles. Se llega a decir en el evangelio: ¿pero puede salir algo bueno de Nazaret, de Galilea? (Juan 1, 46). Jesús para instaurar su reinado se retira a la periferia y va buscando, anunciando la buena noticia a los más pobres, a los ciegos, a las mujeres públicas, a los leprosos, a los publicanos, a los que se encuentran al borde del camino. Si hubiéramos seguido la senda de Trump, Jesús tendría que haberse ido directo a la capital, a Jerusalén. Y no lo hizo más que prácticamente para morir.

Tal vez esto también nos haga reflexionar a todos. ¿Desde dónde intentamos transformar el mundo, poner nuestro grano de arena en la construcción del Reino? ¿Sólo desde los núcleos de poder, desde las grandes ciudades?

Pescadores vs Sabios y Poderosos

En estas últimas semanas, Trump ha ido armando su equipo, aquellos que le ayudarán a sacar adelante los objetivos que se ha planteado, de un Estados Unidos más fuerte y que vuelva a conseguir la hegemonía mundial. Esas personas son importantes, con carrera política, estudios, mediáticos, con mucho dinero, etc.

Jesús por su parte, no va a ver a Herodes, ni al emperador romano, ni siquiera al Sanedrín. No se reúne tampoco de un equipo de expertos, de poderosos, en paralelismo a Trump, sino que llama a estar con él a unos pescadores, de una tierra de la periferia. Eso sí personas que saben del trabajo duro y bien probado. Pedro sabía lo que costaba ganar las cosas, sabía que había que pasar frío, incluso pescando de noche, para obtener recompensa. Sabían que el amor significa tomar opciones y a veces sacrificar cosas por los demás. Y también, personas bien probadas, que saben lo que es echar las redes una y otra vez, sin obtener recompensa, que han sido capaces de asumir cierta dosis de fracaso y frustración. Personas que caen en la cuenta que no son la última medida de las cosas, y que muchas veces tienen que alzar la mirada al cielo esperando una señal.

Por tanto, vemos por una parte la metáfora de “nación” que se hace fuerte desde la capital, Washington, desde la mismísima Casa Blanca, con un equipo de expertos y poderosos, y donde las señales de éxito vienen medidas en término de PIB, de muros más altos. Por otra parte, tenemos un Reino que se va haciendo presente en las periferias, en Galilea, convocados alrededor de un lago, con un equipo de pescadores, donde el éxito se percibe cuando los ciegos ven, los cojos andan, los muertos resucitan y cuando llega la buena noticia de la salvación a los pobres.

¿Con qué perspectiva estamos hoy mirando al mundo?

¿A qué nos invita Jesús?

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Esta entrada fue publicada en enero 22, 2017 por en encuentro, Esperanza, globalización, inmigración, integración, Migraciones, Peregrinos, refugiados, Vida y etiquetada con , , , , , , , .

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